jueves, julio 02, 2009

LA OPRESION QUE ES HISTORIA MALDITA


From Arizona en “Voces del Sur” llega el sudor en canto de arados, la voz de mujeres y hombres de maíz, así la luz de las lechugas, son gentes que emergen del trigo.

La opresión que es historia maldita

Pues aquí estamos de nuevo mis lectores, sólo que esta vez vamos a viajar a Centro América, y como tal me comportaré como uno de ellos, ya que yo vengo de esas tierras que por años han crecido bajo la opresión de los ejércitos, y en el derecho me considero de poder opinar al respecto.

Honduras hoy, por primera vez, está a punto de recibir su propia medicina, y cuando a medicina me refiero, es porque los gobiernos de ese país siempre se han prestado para ser el trampolín en ataques de invasión a Guatemala, Nicaragua, el Salvador, para salvaguardar los intereses de los Estados Unidos, los que casi siempre fueron dueños de los intereses económicos centroamericanos.
Empezaremos en los años 50’s: yo tenía ya casi los 13 años de edad, viviendo en la ciudad de Guatemala, capital del mismo país, teníamos un gobierno electo por voto popular y en su mayoría por gentes cansadas de vivir dentro la explotación del hombre por el hombre.
Jacobo Arbenz Guzmán era nuestro presidente, hombre que vio a la patria como un rancho norteamericano, le vio como una república banana donde el imperialismo se adueñaba el casi 80 por ciento de nuestro territorio.
Y al tomar el poder de la patria dijo ¡basta ya!, Guatemala, de ahora en adelante será de los guatemaltecos y fue así como empezó expropiando todas las tierras que estaban en manos extranjeras y unas de ella fueron la Unidet Fruit Company, los ferrocarriles, la empresa eléctrica, compañía telefónica, puertos marítimos etc.
Cuánto dolor sintieron estos grandes monopolios al perder el oro verde y dejarse expulsar por un hombre así, no podía ser factible y fue cuando a través de la CIA empezaron a comprar a los corruptos militares, a comprar a los mandatarios de Honduras que por el verde dólar vendieron su dignidad y prestaron las tierras de esa patria hermana para con aviones P 51 Mustang, los más veloces antes de los de propulsión a chorro, comenzó el ataque a un pueblo que apenas sí sabia usar el machete para defender sus derechos y los destinos de la patria.
¡Cuántos hermanos guatemaltecos decapitados, cuántos campesinos y obreros fueron mutilados y asesinados apoyados por las palabras de la democracia, niños, mujeres y ancianos murieron en los bombardeos sin precaución alguna, mi madre que en paz descanse, fue echada con sus 4 hijos del pueblo donde nacimos, tan sólo por ser miembro del partido comunista, y ahí empezó el sufrimiento de un pueblo que vio el camino de la libertad, en una revolución pacífica, que nos daría el derecho a construir un propio futuro en una patria nuestra.
Pero no, mis lectores, gracias a esos parias e inmundos militares tanto hondureños como guatemaltecos entreguistas, fue el principio de una revolución sangrienta sin más apoyo que el amor a la patria, mientras que los mercenarios fueron protegidos por los gobiernos del pasado norteamericano, ya que una nación comunista como Guatemala con un 75 por ciento de analfabetos, un 85 por ciento de indígenas dueños de la pobreza, sería un peligro para la seguridad de los Estados Unidos de América.
Siendo en ese entonces que a nuestro pueblo no le importó morir y salimos a la lucha por la conquista del poder en un período de más de 30 años, fue el principio de una revolución sangrienta con un saldo de más de 250,000 patriotas muertos, gentes dicen en mi pueblo “Dios tarda pero no olvida”, y ojalá Nicaragua, Venezuela, como otras naciones en apoyo a Manuel Zelaya y su pueblo que representa, les pagaran con la misma moneda, para que los traidores esos, sientan lo que es ser ultrajados e invadidos y vean lo que nosotros sentimos al ver correr ríos de sangre de gentes nuestras, seres inocentes que vieron en el cambio la esperanza de un mejor mañana.
Esperamos que el presidente Barack Obama tome conciencia de estos actos del pasado y respalde a un gobierno que fue electo por la voluntad del pueblo, lo mismo que todo aquel que hoy lee esta columna, se den cuenta que en los pueblos de América el destituir a un general del ejército, significa un golpe de estado, significa la muerte, porque ellos son intocables y dentro de la ignorancia de estos serviles, piensan que ellos son los padres de la patria.
Más no se dan cuenta que la razón de sus actos es porque su cerebro nunca les dio para cursar estudios en una universidad, donde si en verdad hubiesen asistido, habrían sido gentes útiles para la patria, y no parásitos que sólo consumen lo que no producen.